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viernes, 17 de julio de 2020

Filosofía: Hungría.

Filosofía: Hungría. 

Listado de filósofos.
Georg (Gyorgy) Lukács (1885-1971, filosofía marxista, estética), Agnes Heller (1929-2019),
El filósofo húngaro Georg Lukács (1885-1971).
Lukács, Georg. EstéticaGrijalbo. Barcelona. 1965 (1963 húngaro). 4 vols. Vol. I. Cuestiones preliminares y de principio. 368 pp. Vol. II. Problemas de la mímesis. 543 pp. Vol. III. Categorías psicológicas y filosóficas básicas de lo estético. pp. 342 pp. Vol. IV. Cuestiones liminares de lo estético. pp. 587 pp.
Lukács, Georg; et al. Polémica sobre realismo. Tiempo Contemporáneo. Buenos Aires. 1972. 175 pp. Textos de Lukács, Adorno, Fischer, Barthes y Jakobson.


La filósofa húngara Ágnes Heller (1929-2019).

La filósofa húngara Ágnes Heller (1929-2019).

Resultado de imagen de blogspot, Agnes Heller.

La filósofa y socióloga Ágnes Heller (Budapest, 1929-2019), de origen judío  y superviviente del Holocausto, alumna de Lukács, activista en la rebelión de 1956  y luego exiliada, profesora de universidad en Melbourne y Nueva York, residió en Budapest sus últimos años aunque impartía conferencias en muchos países, y analizaba los males históricos de la Humanidad, trascendiendo lo inmediato. Escéptica sobre el triunfo de la razón en el mundo actual, creía en la bondad y el compromiso ciudadano inherentes a muchas personas como instrumentos para que el bien triunfe, y la filosofía tiene la obligación de enseñar el camino de la libertad, como hicieron Spinoza o Kant. Muy crítica con el régimen húngaro de Orban, era escéptica sobre que su país siga siendo una democracia plena.

Asombra que sus análisis de 1993 sobre la violencia y el totalitarismo sean plenamente vigentes en 2017: ‹‹P. Usted dice que la violencia es omnipresente. ¿Sin salidas?
R. La sociedad moderna es muy violenta en muchos sentidos. Hay una violencia de mercado, una competencia extrema, grupos de presión que luchan ferozmente. Y hay una violencia cuerpo a cuerpo, sangrienta, que la sociedad moderna debe eliminar o al menos intentarlo. Con esa violencia soterrada y competitiva la sociedad puede funcionar, pero no con la sangrienta. Cuando el conflicto latente entre los grupos étnicos se hace combate, ya es imposible la convivencia en el mismo territorio y dichos grupos se pueden llegar a herir tanto que podrían seguir luchando hasta el fin de los tiempos. Esta clase de guerras no pueden terminar con un tratado, cuando una raza ya sólo quiere exterminar a la otra y no llegar a un compromiso.
P. Es pues un diálogo imposible entre fanáticos.
R. Sí, y el fanatismo es siempre una forma de maldad, porque nunca surge de un estallido de insatisfacción, aunque sí puede manipularlo, Sólo las ideas convierten a la gente en fanática, no el descontento social o el sufrimiento. Sólo las ideologías vuelven a las masas fanáticas. El fanatismo sabe combinar muy bien todos los elementos violentos.
P. ¿Son las nuevas generaciones más violentas que antes?
R. No. Simplemente, hemos refinado más las formas de violencia. No podemos considerar los estallidos de violencia, las revueltas, como paradigma o representación del mal, pues son simplemente formas extremas de insatisfacción. Los que organizan la revuelta deben ser castigados, sí, pero también deben ser solucionados los problemas que han conducido a la gente a la revuelta. No podemos asociar maldad con pasión, sino con la razón. El mal surge cuando la razón actúa sobre la pasión. Un principio del mal es cuando desde una raza o un sistema político se dice: "Debemos exterminar a otra raza". o "Debemos eliminar o marginar a un grupo social". Una revuelta puede matar cientos de personas, pero el mal institucionalizado puede matar millones. La justificación del mal no es la pasión, sino el odio, el resentimiento y la crueldad. El problema es que quienes fomentan el mal siempre encuentran una justificación.
P. Y la pena de muerte, ¿puede estar justificada?
R. Hay criminales brutales y tortuosos que no sólo matan en un arranque de pasión, sino que están sustentados por principios malignos y no sienten remordimientos. La cuestión es si ciertas clases de salvajismo justificarían la pena de muerte. La teoría disuasoria es que nada justifica la pena de muerte, porque nada impide repetir el delito. Yo suscribo la teoría la del justo castigo. Si hubiera pena de muerte sólo para castigar a las personas realmente perversas, en el asesinato común tendría mis dudas: el criminal suele delinquir en secreto y es difícil probar las circunstancias. Es diferente con criminales políticos. Son visibles, cometen sus crímenes abiertamente y están orgullosos. Ahí creo que la pena estaría justificada.
P. ¿Habrá nuevos totalitarismos?
R. Nada está excluido en el futuro. Tampoco podemos saber si las democracias liberales sobrevivirán; también hay en ellas elementos de insatisfacción, pero es que la democracia es algo vivo, transformable. Hay un resurgimiento de los pequeños nacionalismos. Los grupos étnicos se autodefinen como separados. Hay un nuevo concepto de raza, que hoy significa ideología, y existe un gran énfasis en la diferencia. La diversidad enriquece la democracia. La cuestión es un acuerdo entre todas las diferencias y opciones, y no fomentar el aislamiento y la hostilidad de los grupos.
P. ¿Y cuál es hoy el papel del filósofo?
R. La filosofía en sí misma no es útil, es algo que el pensador hace por su propio disfrute, pero así desarrolla habilidades que pueden ser útiles para que otros interpreten. Como ciudadano, el filósofo no es más inteligente y no tiene por qué pesar más que los demás. Hay que plantear el papel del filósofo como el de un buen ciudadano que contribuye a la comunidad política.›› [Rivas. Agnes Heller. ‘Sólo las ideas hacen a la gente fanática’. “El País” (14-II-1993).]

Fuentes.
Internet.
[https://elpais.com/autor/agnes_heller/a] Artículos publicados en el diario entre 1983 y 1995.
[https://www.youtube.com/watch?v=uQAzPR7iz5k] Entrevista en inglés con Heller en Guadalajara (2013). 28 minutos.

Artículos.
Heller, Agnes. El Holocausto como cultura. “El País” (28-I-1995). Un análisis del libro de ensayos de Imre Kertész sobre el Holocausto le sirve para meditar sobre la esencia del horror de Auschwitz y a su través la pervivencia del racismo y el totalitarismo. Fue su último artículo en el diario.
Heller, Ágnes. La tiranía que crece en el corazón de Europa. “El País” Ideas 205 (21-IV-2019). Un análisis de la tiranía de Orbán.

Entrevistas.
Rivas, Rosa. Agnes Heller. ‘Sólo las ideas hacen a la gente fanática’. “El País” (14-II-1993).
Altares, Guillermo. Agnes Heller. ‘Solo la razón puede matar a millones de personas’. “El País” Semanal 2.134 (20-VIII-2017).


Otros.
Altares, G. Muere Ágnes Heller, pensadora de la libertad. “El País” (21-VII-2019).

Arnau, Juan. La valentía del pensamiento. “El País” (21-VII-2019).

Rivero, Ángel. Ágnes Heller como maestra. “El País” (24-VII-2019).

Filosofía: Holanda.

Filosofía: Holanda.

Listado de filósofos holandeses.
Erasmo de Rotterdam (c. 1466-1536), Baruch Spinoza (1632-1677), Joke J. Hermsen (Middenmeer, 1961),

Listado de sociólogos holandeses. 
Arend Lijphart (1936, establecido en EE UU; politología), Saskia Sassen (La Haya, 1949, sociología del urbanismo), Ian Buruma (1951), Rob Riemen (1962),

Autores.
El ensayista holandés Ian Buruma (1951).

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Ian Buruma (Holanda, 1951) es periodista cultural, ensayista especializado en Asia (sobre todo literatura japonesa, pero también escribe sobre el fundamentalismo islámico y muchos otros temas), profesor de derechos humanos, democracia y periodismo en el Bard College de Nueva York y editor de “The New York Review of Books”.
Aguilar, Andrea. Ian Buruma. ‘El miedo va ganando en un mundo cada vez más polarizado’. “El País” Ideas 136 (17-XII-2017).

La filósofa holandesa Joke J. Hermsen (1961).

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Joke J. Hermsen (Middenmeer, 1961) es doctora en Filosofía y experta en Hannah Arendt y Lou Andreas-Salomé.
Hsrmsen, Joke J. La melancolía en tiempos de incertidumbre. Siruela. 2020. Entrevista de Pérez-Lanzac, Carmen. Joke J. Hermsen. ‘Lo que realmente nos conmueve es la melancolía’. “El País” Ideas 244 (19-I-2020).

El ensayista holandés Rob Riemen (1962).

Santaeulalia, Inés. Rob Riemen. ‘Las élites no están interesadas en cambiar la sociedad’. “El País” Ideas 160 (10-VI-2018).

La socióloga holandesa Saskia Sassen (1949).

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La pensadora, socióloga y economista holandesa Saskia Sassen (La Haya, 1949), Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Políglota, creció en Buenos Aires desde los años 50 hasta 1965, y después ha vivido entre Europa y EE UU: pasó hambre en Italia y fue inmigrante sin papeles en EE UU. Profesora de Sociología de la cátedra Robert S. Lynd en la Universidad de Columbia, es experta en sociología del urbanismo y es autora de La ciudad global (1991).

Internet.

Libros.
Sassen, Saskia. The Global City: New York, London, Tokio. Princeton University Press. 1991.
Sassen, Saskia. Expulsiones: brutalidad y complejidad en la economía global. 2016. Entrevista de Álvarez, Pilar. Saskia Sassen. ‘Necesitamos realmente una multinacional para tomar un café’. “El País” (18-IV-2016).

Entrevistas.
Zabalbeascoa, Anatxu. Entrevista. Saskia Sassen. ‘Se ha roto el ciclo, porque el salario del trabajador ya no permite mantener el consumo’. “El País” Semanal 1.844 (29-I-2012) 24-27. 
García Jaén, Braulio. Saskia Sassen. 'Muy pocos políticos entienden lo que dicen los financieros'. “El País” Ideas 258 (26-IV-2020).

Artículos.
Sassen, Saskia. La riqueza visible y la pobreza invisible a pie de calle. “El País” Semanal 2.224 (12-V-2019). 

El filósofo francés Bruno Latour (1947-2022).

El filósofo francés Bruno Latour (1947-2022).
Bruno Latour (Beaune, Borgoña, 1947-París, 2022), filósofo, sociólogo y antropólogo de la ciencia. Profesor de antropología y sociología, director científico del Institut d’Etudes Politiques de la Universidad de París desde 2007. Autor de ensayos, que acuñó el concepto de iconofilia en historia del arte, abanderado de la ‘Nueva Ecología’ y de la Teoría de Actor-Red, especializado en estudios sobre Ciencia, Sociedad y Tecnología. Ganó el Premio Holberg de 2013.

Fuentes..
Internet.
Documentales / Vídeos.

Bruno Latour. Anthropocene Lecture. 43:20. [https://www.youtube.com/watch?v=UtaEJo-jo8Q&t=1428s]

Libros.
Latour, Bruno; Woolgar, Steve. La vida en el laboratorio. La construcción social de los hechos científicos. Alianza. 1995 (1979 inglés). 328 pp.
Latour, B. La economía, ciencia de los intereses apasionados: introducción a la antropología económica de Gabriel Tarde. Manantial. 2009. 128 pp.
Latour, B. La esperanza de Pandora: ensayos sobre la realidad de los estudios de la ciencia. Gedisa. 2009. 384 pp.
Latour, B.; Gabliardi, Pasquale (coords.). Las atmósferas de la política: diálogo sobre la democracia. Universidad Complutense. 2009. 252 pp.
Latour, B. Lecciones de sociología de las ciencias. Arpa. 2017. 320 pp.
Latour, Bruno. Dónde aterrizar. Cómo orientarse en política. Taurus. 2019. 144 pp. Entrevista de Pita, Elena. Bruno Latour: "La modernidad está acabada". “El País” (19-II-2019). / Entrevista de Bassets, Marc. Bruno Latour. ‘El sentimiento de perder el mundo, ahora, es colectivo’. “El País” Ideas 202 (31-III-2019).

Latour, Bruno. ¿Dónde estoy? Una guía para habitar el planeta. Trad. de Juan Vivanco. Taurus. 2021. 176 pp. Ensayo que nos avisa contra ideas como el mito del progreso indefinido o la inexorabilidad del dominio humano sobre la naturaleza. El coronavirus es una consecuencia de nuestra agresión y un preludio que nos debe preparar para la crisis climática. Reseña de Arnau, Juan. El oráculo de las mutaciones. “El País” Babelia 1.616 (12-XI-2022).


Entrevistas.
Mora, Miguel. Bruno Latour. ‘No estaba escrito que la ecología fuera un partido’. “El País” Semanal 1.904 (24-III-2013) 28-33.

Artículos de otros.

Bassets, Marc. Obituario. Bruno Latour, el filósofo de la ecología que reunía multitudes. “El País” (11-X-2022).

Martínez-Bascuñán, Máriam. Bruno Latour o la seducción de la ecología. “El País” Ideas 399 (31-XII-2022).

Padilla, Mar. El antropólogo total. “El País” Ideas 399 (31-XII-2022).

 


El filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard (1929-2007).

El filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard (1929-2007).

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Jean Baudrillard: Ideas and Concepts. 9:52. [https://www.youtube.com/watch?v=80osUvkFIzI

Jean Baudrillard (Reims, 1929, París 6-III-2007) fue uno de los analistas de la modernidad más seguidos en Occidente en el último tercio del siglo XX: ELas estrategias fatales analiza los media en una sociedad estadística, que ha perdido los valores cualitativos. Es una sociedad transparente, en la que se sabe todo y no sabe nada porque falta capacidad y tiempo para la crítica y el conocimiento (aprendizaje) significativo. Es una cultura de la pantalla, sin realidad en el fondo, fragmentada. «Lo real está out, sólo las apariencias funcionan». La cultura occidental funciona con la metáfora del espejo (también opina esto Lacan). «Lo registramos todo, pero no lo creemos, pues nosotros mismos nos hemos convertido en pantallas». El arte está confrontado al desafío de la mercancía; la obra de arte tiene ahora un valor de cambio, una mercancía, un fetiche comercial. El urinario, de Duchamp, que, con ironía crítica, asume la elevación a obra de arte de la “cosa”.

Baudrillard, Jean. Entrevista con Jean Baudrillard (por Catherine Francblin). “Artpress”, París, 216 (IX-1996). Reprod. en “Lápiz” 128/129 (II-1997) 52-57. En la entrevista se revisan los grandes temas de Baudrillard. En La transparencia del mal (1990) el autor escribía que en el entorno actual el arte «ha desaparecido como pacto simbó­lico por el cual se diferencia de la pura y simple producción de valores estéticos que conocemos bajo el nombre de la cultura: proliferación hacia el infinito de los signos...» [cit. 52]. Para Baudrillard el mundo contemporáneo es fundamentalmente abstracto: ausente la realidad, todo es simulacro. El arte es el pretexto para un discurso antropológico sobre la pérdida de trascendencia y sobre la visualización total que definen hoy a Occidente.
Baudrillard publicó un artículo, Le complot de l'art, en “Liberátion”, París (20-V-1996), en el que para Francblin se evidencia que el arte interesa sólo a Baudrillard «en la medida que conforma los esquemas funcionales y de comportamiento que inspiran su crítica a la cultura occidental». Baudrillard responde: «Es cierto que el arte tiene para mí un interés perifé­rico. No tengo un compromiso real con él. De hecho, diría que lo contemplo con el mismo prejuicio desfavorable que sostengo ante la cultura en general. En este sentido, el arte no tiene ningún privilegio especial frente a otros sistemas de valores. La gente sigue considerando que el arte es una especie de recurso inesperado. Yo me opongo a esta visión edénica. Mi punto de vista es antropológico. Desde este punto de vista, ya no parece que el arte siga teniendo una función vital. Adolece de la misma extinción de valores, la misma pérdida de trascendencia. El arte no constituye ninguna excepción frente a esta fase de ejecución total, de visualización total, que ha alcanzado hoy Occidente. La hipervisibilidad es, de hecho, una manera de exterminar la morada. Puedo consumir visualmente este tipo de arte, incluso disfrutarlo, pero no me da ilusión ni verdad. Nos hemos cuestionado el objeto de la pintura y luego el sujeto de la pintura, pero me parece que nadie ha demostrado demasiado interés por el tercer elemento: el espectador. Su atención se solicita cada vez más, pero a modo de rehén. ¿Existe otra manera de morar el arte contemporáneo distinta al modo en que el mundo del arte se mora a sí mismo?» [53].
Baudrillard, en su artículo Le complot de l'art (1996), razona sobre una “conspiración del arte”, en la que quienes están vinculados al mundo del arte son los conspiradores, una metáfora para referirse a un síndrome en que todos son víctimas y cómplices, sin un conspirador determinado. Como en la «teatralidad de la política: todos estamos a la vez estafados y complicados» [53]. Baudrillard quiere asumor el papel del no-cómplice, del no iniciado, del que no sabe, ignorante pero instintivo, siempre indócil, «que se niega a ser educada», «a caer en la trampa de los signos». «Intento ofrecer un diagnóstico desde un punto de vista agnóstico. Me gusta ver las cosas como lo haría un primitivo» [53]. Quiere ser “ingenuo”, porque tan pronto como uno entra en el sistema para atacarlo también se convierte en parte de él. Pero es una posición ineficaz, porque la misma crítica, por dura que sea, sólo refuerza más el sistema, al regenerarlo. En política, como en el arte, «pienso que las masas, aunque también ellas participan en el juego y se las mantenga en una postura de servilismo voluntario, son absolutamente escépticas. En este sentido, así se aproximan a una forma de resistencia anticultural» [53].
La posición de Baudrillard se desliza así al escepticismo, al no creer ni en el bien, ni en la posibilidad de evitar el mal. La nada domina la acción, pues en él no hay acción contra el sistema. En otro artículo suyo, Les ilotes et les élites [En la versión española de la entrevista, los “ilotas” espartanos se traducen literalmente como “islotes”] Baudrillard critica a las élites y sostiene que las masas llamadas ciegas son, de hecho, perfectamente lúcidas. Francblin opina que las masas, en el arte, no son tan lúcidas («el público general es bastante conformista”) y Baudrillard lo acepta: «En la esfera política, la opacidad de las masas neutraliza el dominio simbólico que se ejerce sobre ellas. Puede que esta opacidad no sea tan grande en el terreno del arte y que el poder crítico de las masas sea, en consecuencia, menor. No hay duda que sigue habiendo cierto apetito de cultura. Y si la cultura ha tomado el relevo de la política, también lo ha hecho en términos de complicidad. Sin embargo, el hecho de que las masas consuman arte no significa que se adhieran a los valores que se les enseñan. Para decirlo de manera sencilla, las masas no tienen nada a lo que oponerse. Estamos contemplando un especie de alineación (sic, alienación), una movilización cultural general» [54].
Para Baudrillard es absurda la distinción entre derecha e izquierda. Francblin insinúa que sus tesis, de no participación real de las masas, reproducen el mismo tipo de discurso de la extrema derecha y ponen en cuestión el sistema democrático. Baudrillard responde: «El régimen democrático es cada vez más disfuncional. Funciona en un nivel estadístico: la gente vota, etc., pero la escena política es esquizofrénica. Las masas son completamente externas a este discurso sobre la democracia. A la gente no le importa lo más mínimo. La participación viva, real, es enormemente débil» [54]. «Este público cada vez más amplio, que primero fue conquistado políticamente y al que ahora intentan conquistar e integrar culturalmente, se resiste. Se resiste al progreso, se resiste a la Ilustración, a la educación, a la modernidad, etc.» [54]. Y ese rechazo satisface a Baudrillard, en cuanto permite una verdadera oposición al sistema (aunque no sabría definirla), por cuanto «Todos los discursos son ambiguos, incluido el mío» [54], todos son cómplices del sistema, que los utiliza para justificarse a sí mismo.
«Por otro lado, el de las masas, hay algo ignorante e irreductible en el ámbito de lo político, lo social o lo estético. Todo se está realizando cada vez más. Un día la sociedad estará plenamente realizada y no habrá más que excluidos. Algún día todo estará culturalizado: cada objeto será un “objeto estético” y ningún objeto será estético. A medida que el sistema se va perfeccionando, va integrando y excluyendo simultáneamente» [55]. Integrando y excluyendo a personas y obras de arte.
En el artículo Le complot de l'art, Baudrillard decía «Los consumidores tienen razón porque el grueso del arte contemporáneo es basura», lo que Francblin critica, pues el arte es precisamente lo que no está en ese “grueso”, por ejemplo Bacon (de quien se hacía entonces una exposición en París). Baudrillard le da la razón: «Estoy de acuerdo, pero no se puede decir nada de la singularidad» [55], porque los circuitos, los canales de comunicación, globalizan los contenidos, lo uniforman todo. No podemos distinguir el arte del no arte, sumergidos por el bombardeo de mensajes. «En el mundo estético, la superestructura es tan apabullante que nadie tiene ya una relación directa y brutal con los objetos o con los acontecimientos» [55]. «Como mucho compartimos el valor de las cosas, no la forma. El objeto mismo, la forma secreta que hace que sea lo que es, raramente se consigue. ¿Qué es la forma, después de todo? Algo más allá del valor y que intento alcanzar mediante una especie de vacío donde el objeto y el acontecimiento tienen una oportunidad de emitir con máxima intensidad» [55]. Si no puede captar la forma, el espectador se contenta con la estética: «A lo que me acerco es a la estética, ese valor añadido o barniz cultural tras el cual desaparece el valor intrínseco. Ya no se sabe dónde está el objeto. Sólo tenemos discursos circundantes, una acumulación de visiones que terminan formando un aura artificial» [56].
«El fenómeno que observé en Le système des objets se está reproduciendo ahora en el sistema estético. En la esfera económica, llega un momento en que los objetos ya no existen en términos de su finalidad y existen solamente en relación con otros objetos, de manera que lo que se consume es un sistema de signos. Lo mismo ocurre con la estética. Bacon se consume oficialmente como un signo, incluso si, individualmente, uno puede intentar re-singularizarle, redescubrir el secreto de la excepción que él representa. Sin embargo, hoy tienes que trabajar realmente duro para escapar a los efectos del sistema educativo y evitar que los signos nos conviertan en sus rehenes. Para volver al momento en que por vez primera aparece la forma —que es, a la vez, el punto en el que todo el revestimiento desaparece. El punto ciego de la singularidad sólo se puede abordar de una manera singular. Esto es antitético respecto al sistema de la cultura, que es un sistema de tránsito, de transición, de transparencia. Y la cultura es algo que me deja frío. Todo lo malo que le pueda ocurrir a la cultura me parece bien» [56].
En una entrevista con Geneviève Breerette, en “Le Monde, Baudrillard dijo que no estaba articulando un discurso de la verdad, que nadie estaba obligado a pensar como él y le confiesa a Francblin: «no quiero convertir mis juicios sobre arte en una cuestión de doctrina» [56]. «El objeto artístico se presenta como un fetiche, un objeto definitivo. Rechazo completamente esa forma de presentación categórica e irrevocable. No busco la conciliación o el compromiso, sino la otredad, como en un duelo. Volvemos a encontrarnos con la cuestión de la forma. La forma nunca dice la verdad acerca del mundo; es un juego, una proyección» [56].
«Existen mil maneras de expresar la misma idea, pero si no consigues hallar el choque ideal entre la forma y la idea, no consigues nada. Esta relación con el lenguaje como forma, como seducción, como “punctum”, como dijo Barthes, es cada vez más difícil de encontrar. Pero sólo la forma puede cancelar el valor. Son mutuamente excluyentes. La crítica es hoy incapaz de articularse desde una posición de alteridad. Sólo la forma es capaz de oponerse al intercambio de valores. La forma es inconcebible sin la idea de metamorfosis. La metamorfosis te permite moverte de una forma a otra sin que te intervenga el valor. No se puede extraer un significado, ni ideológico ni estético. Entramos en el juego de la ilusión: la forma remite sólo a otras formas, pero sin que circule el significado. Esto es lo que ocurre en la poesía, por ejemplo: las palabras resuenan juntas, creando un acontecimiento puro. Mientras tanto, han capturado un fragmento del mundo, incluso si no ofrecen ningún referente identificable desde el que uno pueda extraer una lección práctica» [57].
«He dejado de creer en el valor subversivo de las palabras. Sin embargo, mantengo una fe incorruptible en la operación orreversible de la forma. Las ideas o los conceptos son todos reversibles. El bien se puede invertir siempre y convertirse en el mal, lo verdadero en lo falso, etc. Pero en la materialidad del lenguaje, cada fragmento agota su energía y todo lo que queda es una forma de intensidad. Esto es algo más radical, más primitivo que la estética. En los años 70, Callois escribió un artículo en el que describía a Picasso como el gran liquidador de los valores estéticos. Argumentaba que tras Picasso todo lo que podíamos esperar era una circulación de objetos, de fetiches, independiente de la circulación de objetos funcionales. Ciertamente, se puede decir que el mundo estético es un mundo de fetichización. En la esfera económica, el dinero tiene que circular como sea, de otro modo no habrá valor. La misma ley rige a los objetos estéticos: se necesitan cada vez más para que pueda existir un universo estético. Ahora los objetos tienen sólo una función supersticiosa que provoca una desaparición de facto de la forma debido a un exceso de formalización, es decir, de un uso excesivo de todas las formas. La forma no tiene peor enemigo que la total disponibilidad de todas las formas» [57].
Baudrillard parece sentir nostalgia por un estado más primitivo que, en realidad, no ha existido nunca: «Por supuesto, y por eso no soy un conservador. No quiero regresar a un objeto real. Esto sería cultivar una nostalgia de derechas. Sé que ese objeto no existe, no más que la verdad, pero mantengo el deseo de él a través de una manera de morar que es una especie de absoluto, un juicio divino en relación al cual se revela la insignificancia de todos los demás objetos. Esta nostalgia es fundamental. Está ausente en todos los tipos de arte contemporáneo. Es un tipo de estrategia mental que nos asegura que estamos haciendo un uso correcto de la nada, del vacío» [57].
«La crítica es hoy incapaz de articularse desde una posición de alteridad... No se puede extraer un significado, ni ideológico ni estético».
En 1970, Baudrillard lanzaba su noción del hiperrealismo para referirse a la desaparición de la realidad, desgajada de los signos que remiten a la misma, en un mundo dominado por los massa media. En El intercambio simbólico y la muerte (1976), escribe que el mundo contemporáneo es fundamentalmente abstracto: ausente la realidad, todo es simulacro. No cabe la originalidad. El artista posmoderno trata la superficie “hiperreal” como una suerte de naturaleza y juega, irónicamente y a sabiendas, con el poder de sus simulaciones.

Fuentes.
Internet.

Libros.
Baudrillard, Jean. El sistema de los objetos. Siglo XXI. Ciudad de México. 1981. 229 pp.
Baudrillard, J. Las estrategias fatales. Anagrama. Barcelona. 1984 (francés 1983). 207 pp.
Baudrillard, J. El otro por sí mismoAnagrama. Barcelona. 1988 (francés 1987). 89 pp.
Baudrillard, J. Cool memories (1980-1985). Anagrama. Barcelona. 1989 (francés 1987). 198 pp.
Baudrillard, J. La transparencia del mal. Ensayo sobre los fenómenos extremosAnagrama. Barcelona. 1991 (francés 1990).
Baudrillard, J. El complot del Arte. Amorrortu. Madrid. 2006. 125 pp. Reseña en “El País”, Babelia 782 (18-XI-2006)14.
Baudrillard, J. El intercambio simbólico y la muerte. 1976.
Baudrillard, J. Las estrategias fatales.

Artículos / entrevistas.
Baudrillard, Jean. Le complot de l’art. “Liberátion” (20-V-1996).
Baudrillard, J. Entrevista con Jean Baudrillard (por Catherine Francblin). “Artpress”, París, 216 (IX-1996). Rep. en “Lápiz” 128/129 (II-1997) 52-57.
Breerette, Geneviève. Baudrillard. Je n’ai pas la nostalgie des valeurs esthétiques anciennes. “Le Monde” (9/10-VI-1996).

Artículos de otros.
Martí Font, J. M. Obituario. Jean Baudrillard, sociólogo y crítico de la sociedad de consumo. “El País” (7-III-2007) 47. 
Pardo, José Luis. El pensamiento como provocación. “El País” (8-III-2007) 51.
Verdú, Vicente. La seducción del objeto puro. “El País” (8-III-2007) 51.

Verdú, Vicente. El objeto que nos ve. “El País” (11-II-2017). El libro de Baudrillard El crimen perfecto.

El sociólogo, politólogo e historiador español Juan José. Linz (1926-2013).

El sociólogo, politólogo e historiador español Juan José Linz (1926-2013).

Juan José Linz Storch de Gracia (Bonn, Alemania, 1926-New Haven, Connecticut, EE UU, 2-X-2013, de padre alemán y madre española. Su familia huyó del nazismo a España, donde pasó la Guerra Civil en Salamanca. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. En 1950, con una beca del Ministerio de Asuntos Exteriores, amplió estudios en la Universidad de Columbia y desde entonces desarrolló en EE UU la mayor parte de su carrera académica, en las universidades de Stanford, Princeton o Columbia, y también fue profesor en la universidad alemana de Heidelberg y la italiana de Florencia, y se retiró como profesor emérito de Ciencia Política y Sociología en la Universidad estadounidense de Yale, donde enseñó regularmente desde mediados de los años 60. En España fue figura eminente del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid. Siempre tuvo el apoyo de su esposa, Rocío Terán. Falleció de cáncer (era un fumador compulsivo).
Linz es probablemente el mayor especialista en politología, sociología e historia sobre autoritarismo y fascismo en España. Polémicas fueron sus teorías sobre el nacionalismo (estudiando minuciosamente las diferencias entre los conceptos de Estado, nación, Estado-nación y Estado-no nación), la oposición entre la temprana aparición del Estado español en el siglo XV y la tardía aparición de la nación española en el siglo XIX, y su distinción entre el totalitarismo hitleriano y el autoritarismo franquista, lo que mucho entendieron como una parcial justificación de este, pero era solo la manifestación de un sólido rigor intelectual en Linz, que procura seguir la metodología del gran maestro, su admirado Max Weber. Linz advertía sensibles distancias entre el extremo nazi y los modelos próximos pero distintos, y siempre basada sus teorías en una inmensa masa de datos racionalizados con un empirismo científico estricto y una moderación política, que se fundamentaba en su desconfianza de los extremismos políticos y su convicción de que la certezas en las opiniones políticas llevaban inevitablemente a la frustración y el enfrentamiento.
También estudió la historia de la composición y mentalidad de la élite política y empresarial española, los partidos políticos, la Transición, la demografía, el comercio y un sinfín de asuntos esenciales para comprender la sociedad española desde el siglo XV hasta la actualidad.
Entre sus muchos galardones destaca el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 1987 y el Johan Skytte de la Universidad de Upsala en 1996 (considerado como el premio Nobel de la ciencia política).

Fuentes.
Internet.
[http://es.wikipedia.org/wiki/Juan_José_Linz]

Conferencias.

[http://www.march.es/conferencias/anteriores/voz.aspx?p0=1751] Primera conferencia de Linz sobre autoritarismo y democracia en España y el mundo, en la Fundación Juan March en 1987. 88 minutos. Hay otras tres conferencias suyas en la serie sobre el tema, de parecida duración.


Libros.
Linz, Juan José. Obras escogidas. Edición de José Ramón Montero y Thomas Jeffrey Miley. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Madrid. 2008-2010. 7 vols. [http://www.march.es/ceacs/proyectos/linz/docs/biblio.pdf] Reproducción autorizada de sus obras más importantes.
Artículos.
Agencia EFE. Muere Juan José Linz, premio Príncipe de Asturias en 1987. “El Mundo” (2-X-2013).
Álvarez Junco, José. Obituario. Juan Linz, el sociólogo español más internacional. “El País” (3-X-2013) 43.
Montero, José Ramón; Coller, Xavier. Juan José Linz, un maestro irrepetible. “El País” (4-X-2013) 51.
Vargas Machuca, Ramón; Arteta, Aurelio. Juan Linz, lúcida pasión por la política. “El País” (6-X-2013) 49.
Martínez Herrera, Enric. El talante conciliador de Juan J. Linz. “El País” (23-XI-2013) 31. Desmiente el supuesto conservadurismo de Linz, un intelectual demócrata,  moderado en sus juicios, abierto a las ideas de los demás.

La revisión por Enrique Gil Calvo en 1996 de las teorías de Hirschman sobre las reformas de la democracia.

La revisión por Enrique Gil Calvo en 1996 de las teorías de Hirschman sobre las reformas de la democracia.

Enrique Gil Calvo, en el artículo Revolución liberal [“El País” (29-VI-1996)], revisó las ideas que le surgieron en el curso de doctorado que impartió en 1996 sobre la obra del economista y ensayista alemán Albert. O. Hirschman (1915-2012), profesor en Princeton y autor de Retóricas de la intransigencia.
Hirschman analiza los tres tipos de crítica que se suelen esgrimir contra los intentos de cambiar la sociedad desde el Estado. Los conservadores se oponen al intervencionismo reformista: primero, porque genera efectos secundarios o colaterales de naturaleza perversa o contraproducente (retórica de la perversidad); segundo, porque pone en peligro y amenaza con arruinar los avances ya conquistados anteriormente (retórica del riesgo); y tercero, porque resulta infructuoso, dada la inutilidad redundante de sus efectos superficiales (retórica de la futilidad).
Hirschman, empero, concluye que también los progresistas han caído en la tentación de esgrimir las mismas figuras retóricas, sólo que utilizadas en su sentido opuesto, tratando de promover el cambio interventor. En efecto, la retórica progresista, sea reformista o revolucionaria, suele defender sus propuestas de ingeniería social alegando: primero, que si no se interviene con urgencia, la situación se deteriorará y devengará insostenible (perversidad del inmovilismo); segundo, que es imprescindible intervenir para poder reforzar y consolidar los avances previos, profundizando en ellos (riesgo del inmovilismo), y tercero, que inútil oponerse a la inminencia del cambio ineluctable, que de todos modos se impondrá por sí solo (futilidad del inmovilismo). Y Hirschman remata su libro alertando contra las falacias ocultas tras las tres retóricas, ya sea que se usen para oponerse al cambio, al modo conservador, o para exigirlo, al modo progresista.
Gil Calvo propone una vuelta de tuerca en la tesis de Hirschman, con la ayuda de Giddens y Popper.
Se basa en Giddens para explicar que los socialistas se están convirtiendo al conservadurismo, al menos en su aspecto retórico, ya que su denuncia de la revolución neoconservadora repite el mismo esquema conservador, con la profecía de una cascada de catástrofes—desempleo, especulación, miseria, abandono de los servicios sociales..., caso de triunfar la mentada revolución. Otra lectura es que los mismos conservadores están también copiando la retórica progresista, proponiéndose como revolucionarios defensores de un cambio necesario y que han conseguido convencer a los socialistas de que los conservadores son los verdaderos portadores del cambio (los socialistas se convertirían así en conservadores a su pesar, al oponerse a esos cambios necesarios).
Aplica estas ideas a desmontar las falacias de las propuestas neoliberales, que nos proponen la perversidad, el riesgo y la futilidad de oponernos a los cambios de la globalización y la privatización. Afirma que el Estado del bienestar no es quien derrocha el dinero, sino el capital especulativo. Acusa a estos liberales de ser posliberales, ya que niegan la libre decisión de los humanos, que no podrían oponerse a las reglas de un mercado que acabaría imponiéndose pese a la fútil resistencia.
Gil Calvo acaba recurriendo a Popper: «¿Cabe extraer alguna moraleja de este trueque de retóricas entre conservadores y progresistas, que entrecruzan sus compromisos cambiantes? Puede que sí, pues basta reconocer, para rehuir tanta falacia, que ninguna profecía está predestinada a cumplirse: ni las catastróficas ni las providenciales. Y para ello quizá convenga aceptar un cierto retorno a Popper. Pero no al Popper antiestatal, sino al adalid de la sociedad abierta, que rechaza toda profecía y descarta la necesidad tanto del futuro perfecto (retórica de la providencia) como del imperfecto (retórica del efecto perverso). No es preciso creer en la revolución posliberal, ni aceptar por tanto la necesidad de sus consecuencias benéficas o perversas, pues todo futuro está necesariamente abierto: y si es reformable sobre la marcha, se debe sólo a su carácter impredecible, contingente, revocable e incierto».

Fuentes.
Internet.
[http://www.possibilismo.it/?p=152] Obituario de Hirchsman, con su foto.
Artículos.
Gil Calvo, Enrique. Revolución liberal. “El País” (29-VI-1996).